“Unos tanto y otros tan poco”
¿Qué está pasando aquí? Esto es lo que debieron pensar los
de la Asociación de Editores de Diarios Españoles (AEDE) al revisar la última redacción de la futura Ley de Propiedad Intelectual que se está debatiendo en el Senado. De hecho, el martes 4 de abril, aparecía en los medios la noticia de su disconformidad con la ambigüedad normativa de la nueva legislación. Según los de AEDE, esta ambigüedad se debe a que, en un intento de parecer justa, la modificación de la futura ley habla de una posible remuneración equitativa para el autor que no se haya opuesto expresamente a las reseñas o revistas de prensa. También la consideran confusa y perjudicial porque se exige la oposición expresa del autor para que se entienda prohibida la reproducción de una obra. Para AEDE, la aprobación o el rechazo de esas enmiendas determinarán si estamos ante una Ley que protege la propiedad intelectual o que la sacrifica, en beneficio de las empresas de press clipping (empresas de resúmenes o seguimiento de prensa).
Las empresas editoras (a través de AEDE) exigen que se les reconozca como únicos titulares de los derechos de propiedad intelectual de los autores que escriben en sus publicaciones. De este modo, evitarían que las press clipping sigan lucrándose con la reproducción comercial no autorizada del contenido de sus periódicos. Los editores de prensa quieren que la ley actúe igual para todos, persiguiendo la “piratería” del mismo modo que hace con las copias piratas de libros, videos, DVD y CD.
Por otro lado, las empresas de press clipping (reunidas actualmente en la Asociación de Empresas de Seguimiento de Información y Publicidad, AESIP) han manifestado su oposición a que
Lo cierto es que, teniendo en cuenta ambos puntos de vista, no nos podemos inclinar ni a favor ni en contra de ninguno de los dos tipos de empresas. Entendemos perfectamente la postura de los editores de prensa al ver que el trabajo de su equipo se está “tomando prestado” para el beneficio económico de otros. Esto debe sentar bastante mal a los periódicos y revistas de toda la vida, ya que los “resúmenes o boletines de prensa” se aprovechan del esfuerzo y el trabajo de redactores, periodistas, colaboradores, etc. de otros medios.
También, hay que tener en cuenta que las empresas de press clipping (AESIP) dicen acogerse al “derecho de cita” y lo utilizan como justificación. Aunque, los editores dicen que “la copia y venta sin autorización del editor no es cita sino usurpación” ya que “una cita es una referencia corta a algo publicado, no una copia completa del contenido de un periódico, a la que se pone precio y se envía a decenas de miles de personas”.
No obstante, el hecho de que las empresas de press clipping sigan ejerciendo su actividad, sin ningún tipo de intervención por parte de las autoridades, nos hace pensar que lo que están haciendo este tipo de empresas es lícito (por lo menos mientras que la ley no sea modificada) a la vez que están generando empleo, dinero, etc. Pero, también es cierto que, este tipo de prácticas podrían conseguir que la gente comprara menos periódicos, con lo cual se recaudaría menos por venta y publicidad.
De todos modos, no llegamos a saber con exactitud en qué medida llega a afectar el press clipping a los editores de periódicos, revistas, etc. Ya que, como viene sucediendo, la mayoría de los lectores que consumen este tipo de prensa “tradicional” van a seguir haciéndolo independientemente de que existan en el mercado estos dossieres de seguimiento o recopilación de prensa. Pensamos que ambos tipos de publicaciones van dirigidas a distintos tipos de consumidores que podemos clasificar en dos grupos:
- El lector que busca informarse “a fondo” y, normalmente, desde un determinado punto de vista o ideología que coincida con la suya (este lector comprará alguno de los periódicos convencionales como El Mundo, El País, El Sur, El Correo, ABC, etc.)
- Aquel lector que quiere o le interesa echar un vistazo “rápido” a un popurrí de informaciones o resúmenes de noticias. Evidentemente, este individuo va buscando intereses muy distintos a los del tipo de lector anterior.
Sin embargo, lo que nos molesta es que, como siempre, esta lucha se está produciendo por el beneficio económico de los editores y no de los propios autores de los contenidos de los medios. Aquellos que escriben el artículo y para los que no existe ningún organismo o ley que les proteja en cuanto a derechos de propiedad intelectual (lo que no ocurre en el caso de los músicos, cineastas, etc. Véase SGAE). Aunque, quizás mejor así ya que, como todos sabemos,
El tiempo pasa, evolucionamos al igual que la tecnología y los usos de ésta. Por eso, habría que preguntarse si los esquemas tradicionales para proteger al autor y a sus obras sirven todavía o necesitan cambiar. Tendríamos que pensar si la digitalización y todo lo que conlleva amenaza a los autores o simplemente termina con toda la industria montada a través de intermediarios como discográficas, productoras o distribuidoras de cine o editores (aquí incluimos a los editores de prensa que también pretenden subirse al carro). Es posible que, si sólo nos limitamos a reforzar y modificar la legislación vigente, todo siga igual.
Concluimos afirmando que, más que pelearse por quién obtiene y explota el derecho de propiedad intelectual, todos los sectores implicados deberían reunirse para buscar una solución acorde con los nuevos tiempos. Pero es posible que eso no interese a algunos…
Desde nuestro punto de vista (como jóvenes estudiantes que somos), nuestra primera sensación al leer 




